La Epopeya

La Epopeya

Por Elías Almada

Escritor
E-mail: almada-22@hotmail.com

           El cruce de Los Andes era un paso trascendental a fin de llevar el proceso independentista a tierras trasandinas, camino indispensable para llegar a Lima.

Desde 1814, después de analizado el desastroso estado del ejército del Norte y constatado que, el del Alto Perú, era un paso inviable para los patriotas.

San Martín es  nombrado gobernador de Mendoza, donde habría de obtener los medios para formar el Ejército de Los Andes.

Por el momento solo 1.000 chilenos sirvieron de base al nuevo ejército patriota.

Mendoza se convirtió en el centro de una industria bélica, de la mano de Fray Luís Beltrán, el vulcano de la patria, Álvarez Condarco y la atención sanitaria organizada por Diego Paroissien. En el Plumerillo, a pocos kilómetros de Mendoza, se fueron concentrando las fuerzas que llegaban de todo el país.

El proyecto se vio complicado cuando Alvear asumió el gobierno de Buenos Aires y envió un nuevo gobernador a Mendoza, que fue repudiado por la población, confirmando a San Martín en su tarea.

La asistencia de los aborígenes también fue esencial, no solo para la provisión de los medios sino para dispersar las noticias a lo largo de la cordillera, confundiendo al enemigo sobre los pasos por dónde podrían cruzar el ejército patriota.

          Con  el Ejercito formado ante su  comandante el Capitán General  Don José  de San Martín a las 4 de la tarde  del 5 de enero de 1817,  se procedió a  la jura de la Bandera de  los Andes por  parte de la  oficialidad y tropa, fue el Brigadier  Estanislao Soler en su carácter de segundo comandante y jefe del estado mayor el primero en hacerlo, cruzando el paño con su espada, lo seguirían entre otros, Juan Gregorio de La Heras, Juan Galo de Lavalle; Mariano Necochea, José Félix Bogado,  Antonio Alvares de Condarco, Pascuala Meneses (enrolada con el nombre de Pascual), Matías Zapiola, un acto pleno de emotividad y patriotismo.

         Estaban presentes además las tropas chilenas encabezadas por su jefe Bernardo de O’Higgins,

          La enseña había sido solicitada en el brindis con motivo de las festividades de navidad y fin de año en la casa de los Ferrari-Salomón por San Martin a un grupo de damas entre las que se encontraban Laureana Ferrari,  Dolores Prats, Margarita Corbalán, Mercedes Álvarez Morón y Remedios Escalada.

El azul cielo se consiguió en un tienda de la calle “el cariño botao”. Remedios se puso a coser y sus amigas a bordar, Laureana Ferrari escribió que el óvalo del escudo fue diseñado por una tal señora de Huisi y las manos dibujadas por el brigadier Soler; también reveló que las lentejuelas de oro fueron sacadas de dos de sus abanicos (que hoy se encuentran expuestos en el Museo Histórico Nacional) y que el óvalo y el sol del escudo fueron adornados con rosetas de diamantes y perlas de collares suyos y de Remedios, y en cuatro días con sus noches se la confecciono estando lista casi como un regalo de Reyes.

          Aunque historiadores como Adolfo Golman y Francisco Gregoric, cuestionan algunos de los datos de doña Laureana, esposa del coronel Manuel de Olazabal y sostienen que en realidad se juró la bandera de las Provincias Unidas, la tradición ha sostenido en el tiempo los dichos de la dama.

          Ese mimo  5 de enero por la mañana en la  Catedral de Nuestra Señora del Carmen, se realizó la ceremonia  en la cual el capellán Lorenzo Guiraldes bendijo  dicha bandera y en la que además se puso al ejército libertador  bajo la protección de la virgen. San Martín era muy devoto y nombro a la Virgen del Carmen Generala del Ejército.

         Las tropas tenían Patrona, Bandera, dejaban el campamento de El Plumerillo, la gesta estaba en marcha.

        El 17 de enero de 1817, el Ejército de los Andes inicia el desplazamiento desde Mendoza para emprender el paso de la Cordillera de los Andes y llevar la libertad a Chile.

El 18 parte la del coronel Las Heras, integrado por el batallón Nro. 11, 30 granaderos a caballo, 30 artilleros y 2 piezas de montaña, 30 mineros zapadores y el escuadrón de milicias de San Juan, cruzaran la cordillera por el paso de Uspallata.

Al respecto el general San Martín escribió al general Guido: “El 18 rompió su marcha el ejército…. Mucho ha habido que trabajar y vencer; pero todo sale completo, excepto de dinero, que no me llevo más que 14.000 pesos para todo el ejército”, El 19 lo sigue el capitán fray Luis Beltrán al frente del parque que portando  los pertrechos de guerra, subió por la quebrada del Toro y se dirigió hacia Uspallata, a través de Paramillos de Uspallata para reunirse con la columna principal de Gregorio de Las Heras quien tras vencer en los combates de Picheuta, Potrerillos y Guardia Vieja, pudo ingresar en Santa Rosa de los Andes, el día 8 de febrero de 1817. Como anécdota podemos citar que en esta columna iba  Pascuala Meneses quien había logrado gracias a su físico delgado y a su acostumbra forma de mal hablar, como también al  hecho de estar habituada  a las tareas de peón rural  ser  incorporada con el nombre de Pascual, cuando  su comandante se dio cuenta la obligo a  improvisar una falda con un capote, y regresar a Mendoza

El grueso del ejército al mando del general San Martín tomó la ruta llamada corrientemente paso de Los Patos.

El cuerpo estaba formado por la vanguardia al mando del brigadier mayor Miguel Estanislao Soler, el centro al mando del brigadier Bernardo O’Higgins, la escolta de granaderos al mando del alférez Mariano Necochea y la retaguardia al mando del teniente coronel Pedro Regalado de la Plaza, que conducía la maestranza del ejército.

Esta columna tropezó con las mayores dificultades, pues fue preciso escalar cuatro cordilleras. Soler que iba adelante logró las victorias de Achupallas (4 de febrero de 1817) y Las Coimas (7 de febrero de 1817).

Al día siguiente ingresaron en San Felipe.

  • Columnas secundarias
  • Columna de Cabot (12 de enero de 1817)
  • La columna del teniente coronel Juan Manuel Cabot salió de San Juan el 12 de enero de 1817 y tuvo por objetivo tomar La Serena y el puerto de Coquimbo.
  • Columna de Freire (14 de enero de 1817)

Por el paso del Planchón pasó la fuerza del teniente coronel chileno Ramón Freire, quien partió el 14 de enero de 1817 desde Mendoza, siguió por el camino de Luján, San Carlos y San Rafael, llegando el 1 de febrero al paso del Planchón por el que franqueó la cordillera.

Su objetivo consistió en tomar las ciudades de Talca y Curicó, a unos 200 kilómetros de Santiago de Chile.

  • Columna de Zelada (15 de enero de 1817)

Por el extremo norte, el ejército de Belgrano cooperó con un contingente dirigido por el teniente coronel Francisco Zelada, siendo su segundo el capitán Nicolás Dávila.

El 5 de enero salieron de Guandacol, desde donde pasaron a la Laguna Brava, efectuando la travesía de la cordillera principal por el paso de Come-Caballos y bajaron directamente sobre Copiapó, ciudad que fue ocupada sin lucha el 13 de febrero de 1817.

  • Columna de Lemos (19 de enero de 1817)

El destacamento del capitán José León Lemos fue el último en partir y el más pequeño, sólo lo integraron 25 soldados del cuerpo de blandengues y 30 milicianos del sur de la provincia de Mendoza.

Su misión consistió en cruzar a Chile y sorprender a la guardia del fuerte de San Gabriel; este ataque haría pensar que el grueso de la ofensiva podría llegar por allí y que el destacamento de Lemos sería sólo la vanguardia de un ejército mayor.

  • El Ejército y su comando

      Con San Martin como General en Jefe , la conducción de completaba con  Bernardo O’Higgins como Comandante General, Secretario de guerra  Teniente Coronel José Ignacio Zenteno, Secretario particular de general en jefe Capitán Salvador Iglesias, Auditor de guerra Dr. Bernardo Vera y Pintado, Capellán general castrense Dr. José Lorenzo Güiraldes, Edecanes del general en jefe Coronel Hilarión de la Quintana, Teniente coronel James Paroissien, Sargento mayor José Antonio Álvarez Condarco, Ayudantes del general en jefe, Capitán John Thomond O’Brien, Capitán graduado de sargento mayor Manuel Acosta, Ayudantes del general de división Capitán José María de la Cruz Prieto, Ayudante Domingo Urrutia.

      San Martín conformó el ejército con 3 generales, 28 jefes, 207 oficiales, 15 empleados civiles, 3778 soldados de tropa (formado por una mayoría de soldados negros y mulatos, más de la mitad esclavos libertos, y por una parte de soldados chilenos, entre ellos los que emigraron a Mendoza después de la batalla de Rancagua), 1200 milicianos montados (para conducción de víveres y artillería), 120 barreteros de minas (para facilitar el tránsito por los pasos), 25 baquianos, 47 miembros de sanidad (para conformar el hospital de campaña), 16 piezas de artillería (10 cañones de 6 pulgadas, 2 obuses de 4 y 1/2 pulgadas y 4 piezas de montaña de 4 pulgadas), 1600 caballos extras (para caballería y artillería) y 9281 mulas (7.359 de silla y 1.922 de carga).

Organización:

Estado Mayor

  • Jefe del estado mayor y mayor general Brigadier Miguel Estanislao Soler
  • Segundo jefe del estado mayor Coronel Antonio Luis Beruti
  • 1º Ayudante Sargento mayor de ingenieros Antonio Arcos
  • 2º Ayudante Capitán José María Aguirre
  • 3º Ayudante Teniente Vicente Ramos
  • Oficiales ordenanzas Teniente Manuel Saavedra
  • Alférez Francisco Meneses
  • Alférez Manuel Mariño
  • Alférez Félix Antonio Novoa
  • Comisario general de guerra Juan Gregorio Lemos
  • Oficial 1º de comisaría Valeriano García
  • Proveedor general Domingo Pérez

Agregados al estado mayor

  • Teniente coronel Anacleto Martínez
  • Teniente coronel Ramón Freire
  • Capitán graduado de teniente coronel José Samaniego
  • Sargento mayor Enrique Martínez
  • Sargento mayor Lucio Norberto Mansilla

Cuerpo médico

  • Cirujano de 1º clase Dr. Juan Isidro Zapata
  • Teniente ayudante Ángel Candía
  • Subteniente practicante Fr. Antonio de San Alberto
  • Subteniente practicante José Manuel Molina
  • Subteniente practicante Rodrigo Sosa
  • Subteniente practicante Juan Brisefio
  • Subteniente practicante José Gómez
  • Subteniente practicante Juan Manuel Porro
  • Subteniente practicante Fr. José María de Jesús
  • Subteniente practicante Fr. Agustín de la Torre
  • Subteniente practicante Fr. Pedro del Carmen
  • Subteniente practicante Fr. Toribio Luque
  • Subteniente practicante José María Mendoza
  • Subteniente practicante José Blas Tello

Cuerpo Militar:

  • Batallón N° 8 de Infantería, al mando del teniente coronel Ambrosio Crámer, siendo el sargento mayor Joaquín Nazar. El batallón estaba compuesto por: plana mayor, banda de música (Banda Talcahuano) y las compañías: granaderos y 1°, 2°, 3°, 4° de cazadores.
  • Batallón N° 11 de Infantería, al mando del coronel Juan Gregorio de las Heras, siendo el sargento mayor Ramón Guerrero. Capitanes: Fernando Rosas, Juan José Torres, Nicolás Arriola; ayudantes mayores: Manuel Gregorio Quiroga, Nicolás Medina; abanderado Carlos Formas; tenientes primeros: José Dolores Suso, Pedro López, Alejandro Soluaga, Tadeo Corvalán.
  • Batallón N° 1 de Cazadores de los Andes, al mando del teniente coronel Rudecindo Alvarado, siendo sargento mayor Severo García de Sequeira.
  • Batallón N° 7 de Infantería, al mando del teniente coronel Pedro Conde, siendo sargento mayor Cirilo Correa (hasta noviembre de 1816 lo habían sido Rodríguez y Enrique Martínez respectivamente).
  • Batallón N° 3 del Regimiento de Artillería de la Patria, al mando del sargento mayor teniente coronel Pedro Regalado de la Plaza. Contaba con 10 cañones de 6 pulgadas, 2 obuses de 4 y 1/2 pulgadas, 4 piezas de montaña de 4 pulgadas y 2.000 tiros de cañón.

Caballería (4 jefes, 55 oficiales y 742 soldados):

Regimiento de Granaderos a Caballo, al mando del coronel José Matías Zapiola, siendo los comandantes de los escuadrones José Melián y Mariano Necochea, y sargento mayor Manuel Medina.

Cuerpo auxiliar:

El cuerpo auxiliar del ejército totalizó 1392 hombres y su conformación fue la siguiente:

  • Escuadrones de milicianos (1200 hombres)
  • Cuerpo de barreneros de minas (zapadores) (120 hombres)
  • Destacamento de baqueanos (25 hombres)
  • Sanidad (47 hombres)

     El desafío comenzaba  a ser realidad y el viento frío del Ande comenzaba a tener aromas de libertad.


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