Hoy estamos con, Laura Evequoz

Laura Evequoz

Laura Evequoz

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Agradeciéndote  tu gentil  colaboración  para nuestro espacio  en el portal Radio Villa Mantero comienzo por preguntarte  de dónde eres ¿Tu familia es originaria de allí? ¿Me cuentas algo de tus antepasados?

Nací en concepción del Uruguay, un 25 de octubre de 1964, soy la hija mayor de cuatro hermanos, Sara, Cira y Guillermo. Mi padre, Siro Pedro Evequoz, nació en Colón y mi madre, Nélida Esther Montañana, en Concepción del Uruguay.

Todos mis antepasados son inmigrantes, suizos franceses, Saboyanos y catalanes, tengo también, Piamonteses y del Reino Unido. Se afincaron en las Colonias de San José, Colón, Colonia Elía, primeramente, y luego fueron llegando a los centros urbanos. Mis bisabuelos, vivieron en la colonia, es por eso que pude comprender los dos mundos: El del campo y la ciudad. Igualmente toda mi vida ha transcurrido en las afueras de la ciudad, que ahora se ha ido poblando.

Por parte de mi padre, tenían viñedos y eran agricultores. Los Evequoz provienen de una ciudad llamada Premploz, en Counthey, Cantòn de Vale, en 1861. Los George eran un pueblo llamado Rulens en Francia. Por parte de mamá, los Montañana vinieron con  Don Héctor de Elías, cuando Cuba le declaró la guerra a España, a fines del siglo XIX, aproximadamente en el último cuarto de siglo, luego se afincaron en Colonia Sesteada, también agricultores.

Mi bisabuela, Josefina Richard, se jubiló como maestra rural después de haber viajado por varios lugares incluso en capital federal, fue una de las primeras promociones de maestras normales.

¿Cuáles son tus más gratos recuerdos de tu niñez y adolescencia?

Mis mejores recuerdos de la infancia son los años nuevos en el Quinto ensanche de Mayo, en lo de George y mis veranos en Caseros en lo de mi padrino. En general mi infancia fue una infancia de campo, trabajábamos mucho. Los grandes ya se fueron y ahora miro la vida con otros ojos y otros valores. Creo que lo que más recuerdo y extraño es la familia grande, con sus buenos y malos momentos.

¿Cuándo y cómo  comenzaste a escribir?

Comencé a escribir, cuando aprendí. Lo primero que tuve fue una gran memoria. Siempre tomaba parte en la escuela. Me la pasaban en el patio ensayando para las fiestas patrias. Pero a los 13 años empecé de verdad. Fue ahí cuando comencé a despertar del mundo en el que había criado, llena de tías, primos y abuelos. Creía que cuando terminara mi adolescencia se me iba a pasar, pero no pasó.

¿Qué  o quién te incentivó en tus comienzo?

En mis comienzos, hablo de la escuela primaria, Escuela Nro.4 “Benigno Teijeiro Martínez,” fueron mis maestras. Siempre se incentivaron y me alentaron a la composición y la lectura. Luego continuó en el Secundario, en el Colegio Nacional J. J. de Urquiza. Mis profesores me exigían más que a los otros en las materias de humanidades, en las otras era un desastre.

¿Qué escribes? ¿Poemas, Cuentos?

En los primeros años, escribía poesía. A los 21 años comencé a trabajar en una revista y aprendí ahí la crónica; comencé a escribir cuentos y relatos. Todos esos períodos eran angustiantes.

A los tiempos de lectura y de tranquilidad le seguían procesos de escritura tormentosos en los que me agotaba y me entristecía.

Luego me quedé sin trabajo y fue peor, Tenia ya a mi hija, Ana, que para ese entonces tenía 5 años. No sabía qué hacer.

Para ese entonces, ya había conocido a mis mentores “Cuqui” Silva y Pedro Urquiza. Caminaba con toda la bohemia del pueblo y los viejos poetas eran mis amigos y yo aprendía. Comencé a hacer teatro y así se me fue la vida real.

¿En dónde públicas? ¿Me cuentas de tus libros? ¿Cómo trabajaste en ellos? ¿Fue difícil publicar el primero?

En 1997, publiqué mi primer libro, Nuestro Temor Visible, una antología en la que aparecen poemas desde 1985 y 1996. Mis amigos me obligaron a publicar, Cuqui me regaló el papel y yo pagué la impresión. Volví a publicar en el 2004, esta vez relatos. El Anecdotario de la Cuidad Cautiva. Esa edición la pague yo. Grafica Yusty me hizo las dos ediciones.

Hice teatro, aprendí muchas cosas en esos tiempos y comencé a escribir dramaturgia. En el 2011, estrené mi primer obra; Rey de Corazones. Tengo varias más sin representar, La oportunidad, Un espejo para Narciso y Que hice yo para merecer esto.

Había sido abuela de Josefina hacía 10 años. Tenía mi peluquería, que es el oficio que me permitió vivir y tener tiempo y libertad para poder escribir y leer.

Mi último trabajo, La Raíz en el Agua y Otros Poemas (2019), Signos del sur Editores. Es un buen trabajo, estoy muy contenta con su contenido. Este trabajo fue posible con el apoyo de la Municipalidad de Concepción del Uruguay y la de Dirección de Cultura.

En realidad me cuesta mucho, releer mis trabajos. Armar un libro, me lleva a tomar decisiones de qué voy mostrar y cómo. Muchas veces mostrar nuestra obra es mostrar facetas nuestras que los demás no conocen y que a veces ni imaginan. Es un juego peligroso. Estar expuestos a juicio es abrumador.

Soy muy frontal y a las personas no les gusta.

¿Qué satisfacciones te ha dado la literatura? ¿Cuáles tu autor preferido?

La literatura me ha limpiado el alma, siempre fue como un confesionario, el papel y la palabra, el sacerdote. Creo es el mejor premio que me ha dado la literatura, no tener que gastar en terapia.

Tengo varios autores favoritos, no podría quedarme con uno. Hay obras maravillosas y autores geniales que han llenado cada parte de mi alma durante estos años. Me gustan los clásicos, pero sin dudas mi autor favorito es Borges y toda su obra en la evolución de su pensamiento.

¿Qué esperas  a futuro para ti, para la literatura  y para la humanidad?

Lo que espero para  la humanidad, el futuro y mi obra, es lograr una sociedad con más igualdad de oportunidades. Donde el que quiera trabajar, trabaje en paz y que tenga las herramientas y los medios para crecer en lo que le gusta. Poder desarrollarnos como individuos va a mejorar la vida en comunidad. Es lo que creo.

Déjame una reflexión final sobe lo que tú quieras, para remarcar algo que creas importante en esta nota o para decir algo sobre lo que no haya preguntado.

Al final de la vida no queda nada más que lo que hemos construido.

Mis antepasados, mis padres, mis más amigos, incluso extraños, han muerto y la vida se acerca lentamente a su fin inexorable. Quiero morir sabiendo que hice todo lo posible por hacer mi parte.

Mi hija y mi nieta tienen una vida por delante, como mis sobrinos y sobrinos nietos. No sé si tendré oportunidad de publicar otra vez, quizás, no lo sé. De lo que estoy segura es que jamás me voy a parar sobre la cabeza de nadie para que los demás noten la mía. No soy yo quien debe juzgar el valor literario y social de mi obra, lamentablemente cuando llegue ese momento yo no voy a estar presente, creo que no me van a dar esa satisfacción. Siempre he vivido austeramente y lo sigo haciendo, son tiempos difíciles para todos. Tenemos que pensar más en dar que en pedir.

XII

Llegaron los otros,

los abuelos gringos,

Baúles de hambre,

de guerra y de exilio;

hicieron historia

de un modo distinto.

Mientras Norte y Sur

mataban las manos negras

de los hacedores de su actual dominio;

Don Justo José De Urquiza

trazaba poblados

preñados de gringos.

No he sabido nunca que fuera pecado

trabajar la tierra y parir los hijos;

tener sus creencias, educar distintos.

¡Aquí se fue libre en todo sentido!

XVII

Contaba la abuela

en rueda de tardes,

que cuando ella era niña

solían narrarle,

que media colonia

arreaba ganado

bajo tempestades.

Que en días de cosechas,

familias enteras,

iban por las chacras,

durmiendo en rescoldos.

Sobre los arreos,

o sobre los catres

que se improvisaban

bajo los ramajes

de los sauces viejos

o de los talares.

Cosechaban juntos,

mientras la “cordiona”

rodeaba de notas

el cuarto menguante.

Maria Laura Evequoz

Nota de Elías Almada



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