1° de febrero de 1820 – Batalla de Cepeda.

batalla de Cepeda

Por Elías Almada

Escritor
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        Las provincias del Litoral, tras las reiteradas invasiones militares dispuestas por el Directorio para dominarlas y separarlas de la Liga Federal, desconocen la constitución de 1819 por estimar que estructuraba un régimen institucional unitario y pro monárquico, adverso a los principios que defendían.

Ante esta situación, sumada al desinterés de gobierno porteño por el avance portugués, organizan sus ejércitos para llevar la guerra a Buenos Aires.

         En verdad las insurrecciones contra el gobierno del Directorio habían comenzado en 1814, capitaneadas por el caudillo oriental José Artigas. Logrado extender la rebelión a varias provincias; formó una Liga Federal, que nunca llegó a entenderse con el gobierno central.

Estos levantamientos interfirieron negativamente en los planes del Directorio en la guerra de independencia de la Argentina contra los realistas al restar importantes fuerzas tanto al Ejército Auxiliar del Perú, como al Ejército de los Andes.

De hecho, desde 1815, las provincias litorales, Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Misiones y la Banda Oriental actuaban con independencia del gobierno central, ubicado en Buenos Aires.

Tras ser  Santa Fe y Entre Ríos repetidamente invadidas por tropas enviadas por el gobierno porteño, estas habían logrado rechazarlas y eran parte de La Liga de Los pueblos Libres.

Por su parte el rey de Portugal, que residía en Brasil, aprovechó los enfrentamientos internos para anexarse a su territorio la Banda Oriental (actual Uruguay), invadiéndola a principios de 1817 y ocupando su capital, Montevideo.

El gobierno de Buenos Aires no hizo ningún esfuerzo serio para defender a Artigas, y este lo acusaba de apoyar la invasión luso brasileña.

En 1819, el que había sido el Congreso de Tucumán, trasladado a Buenos Aires, sancionó la Constitución Argentina de 1819 que otorgaba amplios poderes al gobierno central y restringía la autonomía de las provincias de tomar decisiones sobre sus propios asuntos, colisionado  con las propuestas de autonomía de las Provincia y la reunión de estas en un Confederación, como pretendían  los Caudillos Federales., como consecuencia de esto las provincias de Cuyo y Tucumán  se separan del gobierno central y Salta  ya venía actuando como una aliada del gobierno central y no como parte de él.  Artigas y sus  aliados  acordaron no tratar más con el gobierno central y atacarlo en su propia capital, por encargo de este, las fuerzas de Entre Ríos se trasladaron a Santa Fe, y desde allí avanzaron sobre Buenos Aires.

          Poco antes de la batalla de Cepeda, el 8 de enero de 1820 se produjo el motín de Arequito por el cual el Ejército del Norte, que había sido llamado por el director Supremo José Rondeau en su ayuda, se había sublevado para no ser obligado a luchar en una guerra civil. De todos modos, Rondeau enfrentó a los federales con el ejército de la capital

          El Ejército Federal, comandado por Francisco Ramírez, se organiza en tres divisiones que reconocían por jefes, la santafesina, a su gobernador general Estanislao López, la correntina-misionera, al marino irlandés Pedro Campbell y la entrerriana al propio Ramírez. A estas divisiones se agrega un escuadrón de 80 chilenos con su general, de la misma nacionalidad, José Miguel Carrera.

En conjunto el ejército se forma de 1.200 a 1.600 hombres.  López era el gobernador de la provincia en que se combatía, pero aparentemente dejó el mando de las operaciones de la batalla a Ramírez.

Es que López era experto en acciones de guerrilla, pero Ramírez había demostrado ser muy capaz en las batallas.

Rondeau formó su ejército en una disposición clásica, con la caballería a los lados y la infantería y la artillería al medio; protegiendo sus espaldas quedaba la larga formación de carretas.

Una posición muy difícil de vencer, si el enemigo atacaba de frente. Pero en medio de la llanura, los federales no estaban obligados a hacerlo, justamente porque sus tropas eran puramente de caballería.

                         A las 8:30 horas los jefes federales cruzaron al galope la Cañada de Cepeda, rodearon el dispositivo y se pusieron a sus espaldas.

De inmediato atacaron a la caballería, mientras la infantería trataba de asomarse entre los carros y los cañones aún apuntaban para el otro lado.

La batalla duró aproximadamente diez minutos, y la huida de la caballería Directorial arrastró a Rondeau.

Los infantes formaron dos cuadros defensivos y rechazaron varias cargas por tres horas.​

Pero  la verdad  es que la suerte de la Batalla se decidió en apenas 10 minutos que fue lo que duro la  carga de la caballería Federal sobre la Directorial.

El resto del ejército (casi mil hombres) debió retirarse hacia San Nicolás de los Arroyos  y embarcarse de regreso a Buenos Aires, dirigido por el general Juan Ramón Balcarce.

           El encuentro y sus resultados tienen una gran significación política, pues en Cepeda quedan enterradas para siempre las pretensiones monárquicas y triunfante el concepto federal, republicano y  representativo.


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